La ética en la práctica educativa

 


Carol Morales


“La escuela neutra no existe… los valores siempre existen” dijo Adela Cortina en una entrevista titulada “¿Para qué sirve la ética?”[1]. Sostener que la educación es ascética de valores es negar el carácter formador que posee la educación y el docente. Educamos siempre con una finalidad, y sea cual sea ésta involucra valores tales como la solidaridad, la libertad, la empatía, la competencia, etc. En definitiva el proceso educativo como proceso transformador y formador del sujeto incluye necesariamente la promoción y el reforzamiento de determinado conjunto de valores y la exclusión de otros, “la educación es política y está siempre sostenida por una opción ética…”[2] Esto no es algo que podamos decidir cada uno de forma subjetiva, porque la ética o las normas que regulan los vínculos en una sociedad son el producto de la intersubjetividad[3]. No se trata de qué valores son buenos para mi individualmente, sino de lo que es bueno para todos como sociedad o comunidad y en este sentido se hace necesario explicitar sin miedo el hecho de que la escuela y los docentes somos formadores en valores también.

En tiempos de posmodernidad, relativismo y extrema emotividad (aquello de que si lo estoy sintiendo “está bien”) hablar de valores es una especie de “mala palabra”. Cualquier intento de determinar cuáles son los más adecuados para nuestra sociedad es calificado de conservador y anticuado, cuando en realidad no es posible la convivencia sin ellos. Aunque no queramos nombrarlos, están allí y determinan nuestros vínculos sociales y el carácter de una comunidad. Entonces ¿porqué no discutir sobre ellos? ¿Porqué como sociedad no somos capaces de explicitarlos y de analizar cuáles son los más apropiados para que la vida en sociedad funcione? ¿Por qué “negar” su presencia en la institución educativa cuando están allí de forma evidente? Como educadores es urgente hacer nuestras las palabras de Paulo Freire cuando afirma: “la enseñanza de los contenidos no puede darse alejada de la formación moral del educando. Educar es, sustantivamente, formar”[4] En este sentido, centrar nuestra práctica docente únicamente en torno al contenido de nuestra asignatura, es eludir algo que también forma parte de nuestra responsabilidad, que es aquella que tiene que ver con nuestro papel de humanizadores. Si eludimos esa responsabilidad corremos el riesgo de caer en una educación excesivamente técnica despojada de toda sensibilidad humana que habilite a nuestros estudiantes a ser constructores activos de una sociedad mejor. No debemos olvidar las palabras de Adorno cuando propone que debemos “dar un giro hacia el sujeto”, haciendo explicito los mecanismos que hacen al ser humano capaz de las peores atrocidades para que ese modo no vuelvan a suceder. “Esa insensibilidad es la que hay que combatir”[5] No podemos permitir que Auschwitz se repita. Acá es donde la educación (y nosotros como educadores) hace la diferencia.

Ahora bien, aceptado el hecho de que debemos educar éticamente, nos queda por determinar qué valores son los que debemos promover y cuáles son aquellos que debemos oponernos. ¿En qué valores queremos educar? ¿Qué valores consideramos más importantes? Según Adela Cortina, la humanidad ya ha hecho un recorrido histórico en torno a qué valores son los que vale la pena promover y los que no. La historia nos ha enseñado que valores como la libertad, la solidaridad, la igualdad, el respeto entre otros, contribuyen positivamente a la convivencia, y valores como asesinar, mentir, discriminar tienen consecuencias negativas en la sociedad porque entre otras cosas, la deterioran. Tenemos el ejemplo de Auschwitz, pero hay muchos más; la esclavitud de millones de africanos a causa de la discriminación étnica, el intento de exterminio de los Tutsi en manos del gobierno Hutu en Ruanda[6], el genocidio armenio por parte de Turquía, la aporofobia que sufren miles de inmigrantes, incluso acá en Uruguay. Es decir, sobran los casos en la historia de “impensables ejemplos de bajeza e indignidad” [7] que contribuyeron al deterioro y a la injusticia social.

En ese sentido creo que uno de los valores que más debemos trabajar y promover en clase es el respeto y la tolerancia, por oposición a la discriminación. No debe pasar desapercibida ninguna acción discriminatoria dentro del aula. Tenemos un punto referencia bien interesante en el cine (que para mí siempre ha sido una gran fuente de inspiración), en la película “Freedom Writers” del año 2007[8], dirigida por Richard LaGravenese, a una profesora de Lengua de un grupo liceal atravesado por diversas dificultades (económicas, cultural, racial) se le presenta la situación de que entre los estudiantes en clase comienza a circular (entre risas burlonas) un dibujo caricaturesco de uno de los estudiantes que es afrodescendiente. El dibujo representaba a este estudiante con  rasgos afro exagerados y desproporcionados entre los que destacaba unos labios gruesísimos. Cuando el dibujo llega a manos del aludido, éste inmediatamente se inhibe y queda evidentemente afectado en su dignidad como ser humano. El resto de los estudiantes aprobaban con risas la realización de ese dibujo. La docente detiene la clase inmediatamente, porque detecta en seguida que en ese aparente “inocente” dibujo hay una expresión de discriminación y de burla a otro que es diferente. Pero no puede detenerse allí, porque para educar éticamente es necesario descubrir los mecanismos que vuelven a los hombres capaces de atrocidades”[9] y aquí entiendo “descubrir” también como des-cubrir, es decir, quitarle aquello que lo cubre: mostrar. Mostrar qué hay realmente debajo de esta clase de conductas: discriminación. Lo contrario a la tolerancia y al respeto de las personas en su otredad. “(…) Cualquier discriminación es inmoral”[10] Con este propósito, en el filme la profesora les cuenta que vio un dibujo parecido a ese en un museo. No era el dibujo de una persona afrodescendiente sino de un judío con una nariz exageradamente enorme, como si fuera una rata. Así eran dibujados los judíos por los nazis en sus intentos por deshumanizarlos. Esto es algo que no podemos promover en nuestras aulas, no podemos ser imparciales ante un acto de deshumanización.

Un valor que en mi práctica promovía eran la solidaridad y el trabajo cooperativo, en oposición a la competencia entre estudiantes. Considero que ambos son importantes, especialmente en la actualidad en la que están exacerbados el narcisismo (potenciado por las redes sociales y la sociedad de consumo), el individualismo, y la competencia entre individuos promovida por el sistema neoliberal capitalista “que nos ha conducido a un mundo donde la competencia y el mercado se han transformado en productores de nuevos significados y en constructores de nuevas subjetividades”. [11] A comienzo del año mi trabajo consistía en pedirle a diferentes estudiantes pequeños gestos tales como compartir los apuntes, ayudarse en tareas grupales, y al final del año tenía una estudiante fija que se encargaba siempre de hacer captura de pantalla al material que yo subía a un blog y lo pasaba al grupo de whatsapp de la clase, así todos tenían acceso al material. Otra llevaba un diccionario para buscar las palabras que no conocían y las anotaba en el pizarrón para todos. En mi tribunal, mis alumnos por iniciativa propia ordenaron los bancos y pasaron una escoba en el piso para que la clase “esté más linda para cuando vengan los profesores”[12] a evaluarme. Ahí sentí que no había hecho tan mal mi tarea. En este sentido también quisiera rescatar el trabajo de un amigo y colega de la especialidad de Geografía e Historia, que una vez al mes lleva juegos de mesa cooperativos a la clase, en los cuales los estudiantes deben trabajar en equipo para ganar. De ese modo promueve y refuerza la necesidad de ser solidarios y de ayudarse los uno a los otros en una época en que la tendencia es que cada uno vela por sus propios intereses y ve al otro como potencial enemigo. Desde nuestro lugar podemos combatir una de las caras de la fragmentación social tan característica del neoliberalismo.

Otro valor ético que entiendo de vital importancia y que nos compromete en nuestro accionar como agentes educativos es el ser consecuente, es decir, el practicar aquello que predicamos. “Enseñar exige la corporificación de las palabras en el ejemplo”[13] Enviamos mensajes muy confusos a nuestros estudiantes cuando les decimos que hagan una cosa y con nuestro comportamiento hacemos lo contrario. Como adultos somos sus referentes y tenemos que asumir ese rol con responsabilidad materializando en nuestro modo de ser aquello que promovemos.

Vale la pena aclarar que estos valores no son los únicos. Me quedan varios sin nombrar, pero atendiendo al contexto actual de narcisismo, individualismo, competencia y fragmentación, creo que estos son los más urgentes. Especialmente tomando en cuenta que la lógica neoliberal está presente en la dinámica propia de las instituciones educativas. Pensemos por un momento que el proceso de aprendizaje dentro de una institución se llama “carrera”, ¿carrera contra quién o contra quiénes? El sistema de calificaciones es sumamente meritocrático y numérico, y penetra a tal punto dentro del aula que los estudiantes luego de recibir el resultado de un escrito comparan qué se sacaron los unos y los otros sin siquiera analizar qué aprendieron a través de esa instancia. Respiramos neoliberalismo en la propia educación, la competencia contra los otros forman parte de la cotidianidad educativa. En este sentido, pensar modos alternativos de educar promoviendo valores como la inclusión, el respeto por los demás, el trabajo cooperativo y la solidaridad, es una manera de proponer acciones contra-hegemónicas y como tal representan formas de resistencia y resiliencia.

Bibliografía

-          Freire, Paulo (2004) Pedagogía de la autonomía. San Pablo: Paz e Terra S.A.

-          Rebellato, José Luis (2008) Ética de la liberación. Montevideo: Nordan- Comunidad.

-          Cortina, Adela. (2019) ¿Para qué sirve la ética? Recuperado de https://www.youtube.com/watch?v=HOY0CSVAA4w&t=1012s

-          Adorno, Theodor W. (1966) La educación después de Auschwitz. Conferencia realizada por la radio de Hesse el 18 de abril de 1966.

-          LaGravenese R. (2007) Freedom Writers. Estados Unidos: Paramount Pictures. Escena referida recuperada de https://www.youtube.com/watch?v=krwbggcA4h0&t=183s



[2] Rebellato, José Luis. Ética de la liberación. Introducción de Pilar Ubilla. Pág. 13.

[3] Idem

[4] Freire, Paulo. Pedagogía de la Autonomía. Pág. 11.

[5] Adorno, Theodor W. La educación después de Auschwitz. Pág. 2.

[6]https://es.wikipedia.org/wiki/Genocidio_de_Ruanda#:~:text=El%20genocidio%20de%20Ruanda%20fue,000%20de%20personas%20fueron%20asesinadas.

[7] Freira, Paulo. Pedagogía de la Autonomía. Pág.

[8] https://www.youtube.com/watch?v=krwbggcA4h0

[9] Adorno, Theodor W. La educación después de Auschwitz. Pág. 2.

[10] Freire, Paulo. . Pedagogía de la Autonomía. Pág.

[11] Rebellato, José Luis. Ética de la liberación. Pág. 21

[12] Esas fueron las palabras que utilizaron.

[13] Freire, Paulo. Pedagogía de la autonomía. Pág. 12

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